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Bienvenidos a este boletín electrónico en el que se presentan ensayos para explorar respuestas a las diferentes facetas de la pregunta ¿cómo realizar divulgación científica por Internet?


BOLETÍN-e DCxI   [ Vol. 3, No. 2, noviembre del 2013 ]

 
"El gusto por la divulgación científica"
por: Daniel Loya   [email]


El trabajo científico es una actividad analítica y sistemática, mientras que divulgarla o promoverla debe ser una actividad emotiva, que se origina básicamente por el gusto de hacerlo, y las personas que se involucran deben estar conscientes de esto, es decir, los temas y formatos que sean seleccionados deben representar algo con lo que el divulgador se identifique, para que la actividad siga siendo algo que fundamentalmente se disfruta.

Algunas personas piensan que una parte del trabajo científico debe incluir el esfuerzo complementario por divulgarla, pero cuando las cosas se hacen por obligación pierden un elemento esencial, se pierde el gusto por hacerlas, se vuelven una tarea más, un pendiente que forma parte del trabajo, y el resultado puede tornarse árido, sin sabor, un ejercicio meramente descriptivo y rutinario.

Hay muchas actividades que producen placer a quienes las realizan, por ejemplo, la acción de escribir proviene de una sensación de querer comunicar lo que la persona siente que debe aportar a la comunidad, un conjunto de ideas que quiere expresar, algo que ha estado madurando poco a poco y la persona no estará tranquila hasta que esas inquietudes se concretan en expresiones de ideas. Los efectos de comunicar con la palabra van desde sentir una satisfacción al poder hacerlo, hasta generarle la esperanza de que sus palabras sean de ayuda para alguien más.

Cada vez que se realiza un evento académico (seminario, conferencia, examen de tesis, congreso, simposio, foro, taller, charla, etc.) en donde se exponen los resultados de un trabajo científico, del total de personas que reciben la invitación habrá cierto porcentaje de interesados en el tema, y de esos -debido a compromisos o asuntos de trabajo- un porcentaje menor asistirá al evento.

Sin embargo podemos preguntarnos, ¿Cuántas personas más podrían haberse interesado en el tema y asistir al evento si tan solo se hubieran enterado a tiempo? y ¿Cuántas de las personas que no se enteraron hubieran sido tan influenciadas por la información presentada en el evento como para dedicarse a esa especialidad en el futuro?

Al principio de un proyecto de divulgación científica, la persona que quiere dedicarse a esta actividad está llena de preguntas, las cuales va resolviendo poco a poco, ya sea al mismo tiempo que experimenta las satisfacciones asociadas a ella, o se espera a tener resueltas esas preguntas y hasta después inicia sus esfuerzos. Ambos paradigmas son válidos, lo que interesa es empezar.

Probablemente todo promotor de la ciencia se ha preguntado ¿Qué es más importante divulgar, la biología o la química, la física o la geología? (o alguna de tantas especialidades más), y esto se extiende a una lista de preguntas que podría parecer demasiado larga, por lo que es imprescindible tratar de definir sus prioridades de divulgación. Sin embargo, al final, la selección es eminentemente por preferencias personales.

Si no existe una identificación entre el divulgador y el tema que se pretende divulgar, el entusiasmo necesario para realizar esta actividad se pierde entre todas las demás actividades de la vida diaria que compiten por nuestra atención, y el resultado es que la frecuencia de los esfuerzos de divulgación decrece poco a poco hasta desaparecer y ser sólo un recuerdo de un proyecto que aunque inició con grandes expectativas se convirtió en algo que no siguió generando la satisfacción necesaria para mantener vivo el interés.

Quizás el poema de Ramón de Campoamor (1817-1901) que dice: "En este mundo traidor nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira", tiene mucha aplicación en la actividad de la divulgación científica. Cada tema científico tiene validez por sí mismo y el divulgador debe estar seguro que los temas que prefiere divulgar tienen una audiencia que los aprecia y necesita, de lo contrario puede tomar decisiones que lo lleven a temas que no le interesen tanto y eso se reflejará en la intensidad y calidad de sus esfuerzos.

Incluso el tamaño de la audiencia que el divulgador supone que tiene, en última instancia, no es el factor más importante para seleccionar una especialidad, sino su propio interés acerca de los temas que se consideran y su convencimiento del valor intrínseco de lo que aporta a la comunidad al difundir esos conocimientos.

La selección de uno o varios temas para divulgar no debe estar controlado por lo que la gente diga que es importante, sino lo que cada divulgador considera interesante, y no preocuparse sobre la supuesta importancia de su tema en alguna escala subjetiva, pues afortunadamente la diversidad de temas científicos para divulgar así como los métodos y esquemas de divulgación son muy amplios.

Le corresponde a cada divulgador seleccionar el esquema con el que más se identifique para realizar esta actividad, o implementar un método propio, pues todo eso tiene que ver con su forma particular de divulgar.

No debemos gastar nuestras energías en algo que no nos motive pues en este mundo sobrepoblado siempre habrá muchas personas con diversos intereses sobre cuáles otros temas se puedan divulgar.

La mejor manera de divulgar se encontrará tarde o temprano mientras se mantenga algo muy claro: la divulgación debe ser una actividad emotiva y satisfactoria.

 
 
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